La hoguera de las vanidades

La hoguera de las vanidades

sábado, 5 de octubre de 2013

Recuerdos

Hace unos años, leí una entrada en el blog de Santi González que me impresionó mucho. Comentaba algo tan inocuo como una entrevista con la hoy fallecida actriz Mariví Bilbao en el diario Deia. En una de las respuestas, Bilbao rememoraba que le impresionó ver en la tele cómo "matan a Kennedy en directo" (sic). Con ese rigor que le caracteriza, González procede a desmontar el recuerdo de la intérprete, señalando punto por punto por qué es harto improbable que tal cosa ocurriera, al menos tal y como ella lo relata.

No he podido evitar recordar el artículo leyendo la entrevista que JotDown ha mantenido con la periodista Carme Chaparro. Allá cada uno con lo que piense de la presentadora de Informativos Telecinco. Pero hay una idea que desliza en una de las respuestas que no ha dejado de sorprenderme. Le preguntan por Luis Fernández, y eso le da pie a contar su ingreso en la cadena:

Entré en Telecinco para trabajar en la delegación de Barcelona en enero de 1997, y fue porque Luis Fernández decidió que Telecinco necesitaba delegaciones propias, no le valía con las imágenes de agencia. Abrió en Madrid, Valencia, Andalucía, País Vasco y Cataluña. Yo estaba una noche en TV3 minutando entrevistas del 30 minuts, un formato americano muy bien hecho, bajé al comedor a cenar algo y me encontré a un productor de informativos al que conocía de vista. Éramos los únicos en el comedor, así que me senté con él. Me preguntó si había hecho directos y le dije que en la tele de Les Corts. Me comentó que Telecinco iba a abrir una delegación, me pidió el currículum y así me contrataron.
Enero de 1997. Bien. Me resulta imposible chequearlo; no tengo acceso a los ficheros del departamento de Recursos Humanos de Mediaset. Pero doy por buenas sus palabras. Es su vida, son sus recuerdos... debe saber de lo que habla. El entrevistador viene a preguntarle por las críticas que recibe Telecinco por sus realities y programas "rosa". Y esto dice Chaparro:

Yo empecé en Telecinco en el último tramo de las Mama Chicho, no sé si llegué a coincidir exactamente con ellas, pero su sombra fue muy alargada. Y eso sí que era muy complicado. Recuerdo que salía con el micro de Telecinco a la calle y todo el mundo me gritaba «¡Mama Chicho, Mama Chicho!». Esto sí que era duro. Lo de ahora es más una leyenda urbana.
Este es el momento en que los ojos se ponen como platos. Repetimos: es su vida, son sus recuerdos... debe saber de lo que habla. Pero dibuja un escenario tan chocante como el de un viaje de Kennedy a Dallas que fuera retransmitido en directo por TVE en 1963.  Podemos ayudar a Carme Chaparro cuando dice que "no sabe si llegó a coincidir exactamente" con las Mama Chicho. No lo hizo. Me atrevería a rematar la frase con un "ni remotamente". El florido conjunto de "vedettes" dejó de existir para la televisión en España en 1993. No se puede decir que la entonces "cadena amiga" las retirara de tapadillo. "Las Mama Chicho han muerto", dijo el consejero delegado y director general, Valerio Lazarov, en una entrevista de Isabel San Sebastián para ABC en octubre de ese año. De octubre de 1993 a enero de 1997 van tres años y cuatro meses. Un tiempo ya prudencial en general, pero equivalente a siglos en la vertiginosa televisión privada española, que en aquellos tiempos era una recién nacida que quemaba etapas a enorme velocidad.

En efecto, España asoció Telecinco con las Mama Chicho durante sus primeros años de vida. (La cadena empezó a emitir en marzo de 1990). Pero, tras el certificado de defunción expedido por Lazarov, el esfuerzo por sacudirse las curvas de las alegres muchachas fue enorme. No dio resultados inmediatos, claro. Pero, en la modesta opinión de quién esto escribe, sí habían cuajado ya a la altura de enero de 1997. "Definitivamente, Cervantes ha desplazado a las Mama Chicho", escribió Cristina Rubio en El Mundo el 27 de noviembre de 1995, dos años después de las palabras del directivo rumano y más de un año antes de que Carme Chaparro cruzara por primera vez la puerta de la delegación de Telecinco en Barcelona. (La frase cervantina iba al hilo del estreno de un espacio cultural que duró cinco ediciones, qué le vamos a hacer)

La Telecinco del curso 1996/97 no tenía ya nada que ver. Los mascarones de proa del cambio que la cadena llevó a cabo para acabar con su mala imagen ya estaban más que asentados. No era el canal de las "Mama Chicho". Era el lugar dónde triunfaba Médico de familia desde hacía casi año y medio. La serie fue estrenada en el otoño del 95. Por esas mismas fechas, la televisión española descubrió el potencial de una nueva franja horaria, el "late night", gracias al revolucionario -si, entonces lo fue- Esta noche cruzamos el Mississippi, de Pepe Navarro. Antes, en verano, se hizo un experimento de fundir humor con crónica rosa, llamado ¡Qué me dices! Cualquier persona interesada en el medio en España recuerda su importancia. ¿Tenían algo que ver las Mama Chicho o el jacuzzi de Jesús Gil con el primer Caiga quien caiga, de Wyoming? Pues cuando Chaparro recorría las calles barcelonesas "alcachofa" del canal en mano, el espacio llevaba más de seis meses en parrilla.

Aquí una parrilla de Telecinco en enero de 1997, a diario, y otra, de fin de semana.

¿Cómo es posible que Chaparro recordara sus inicios como algo ligado a lo que había pasado casi cuatro años antes? ¿Ha convertido en generalidad lo que quizás sólo fue un hecho aislado? ¿Confundió su año de entrada en Telecinco? Son curiosas las pasadas que nos juegan los recuerdos. Misterios sin resolver. Ah, bueno, no... que eso sí que era de los tiempos de las Mama Chicho.

sábado, 14 de septiembre de 2013

La Gracia

http://elpais.com/elpais/2013/09/13/gente/1379077154_452012.HTML




La gracia se tiene o no se tiene. Luz Sánchez-Mellado no la tiene. La periodista está al frente de una columna semanal en El País. Se llama Portera de día, en un guiño difícil de entender para cualquier persona menor de 35 años. Su objetivo es hacer un repaso mordaz a la actualidad de la semana. Es un propósito loable, pero muy alejado de los resultados. Sin embargo, los textos de Mellado son de una gran utilidad periodística. Sirven para demostrar que esta profesión sigue necesitando de chispa a la hora de generar piezas memorables. Una especie de alquimia que permita que lo verdaderamente talentoso se imponga a formulismos y modelos prefabricados.

Lean el enlace de arriba. No le falta detalle. En las umbralianas negritas se apretujan políticos (ay de ellos como sean del PP), comunicadores, artistas y freaks en nómina de Telecinco. Las referencias a temas actuales se cruzan a velocidad endiablada. De Julio Iglesias a Ana Botella, del COI a Sálvame, de Amador Mohedano a la juez Alaya, de los papeles de Bárcenas a las maternidades tardías. Los juegos de palabras se suceden sin cesar. La malicia se hace presente en cada línea. Todo está preparado para divertir al lector. Pero eso nunca sucede.

El análisis satírico de la actualidad es un género dificilísimo. No está al alcance de cualquiera, porque es imposible en él “cubrir el expediente”; no hacerlo como es debido equivale a un ridículo espantoso. Carmen Rigalt lo domina a la perfección en El Mundo. ABC tiene un diamante en bruto en Rosa Belmonte, una de las mejores plumas del periodismo actual, que paga muy caro el pato de no escribir sobre temas de los considerados “serios”. El País anda algo escaso en ese perfil. Durante un tiempo lo desempeñó con dignidad Maruja Torres. Tras una vergonzosa decadencia teñida de atroz sectarismo, su firma ha desaparecido del diario de Prisa. Elvira Lindo parece alejarse un poco de ese estilo que le hizo famosa, aunque lo resucita de vez en cuando. Modelos había dónde mirarse.

No es Sánchez-Mellado una periodista totalmente desechable. Los domingos realiza perfiles de políticos más presentables. No son para tirar cohetes, pero no están escritos con la intención de resultar desternillantes, con lo que cumplen su función de manera infinitamente más eficaz.

Y es que la gracia se tiene o no se tiene. Y Luz Sánchez-Mellado no la tiene.

domingo, 6 de enero de 2013

Extraños vínculos


Ahí tienen la portada del diario La Gaceta, correspondiente al 3 de enero de 2013. Como suele ser habitual en el periódico de Intereconomía, los mayores honores se los lleva un tema “propio”, con fuerte dosis de línea editorial. En este caso, se trata de la supuesta cruzada que el actual rector de la universidad Complutense, José Carrillo, mantendría contra la mera existencia de capillas en los complejos docentes. Como también suele ser habitual en La Gaceta, el despliegue en portada contrasta con una escasa información en páginas interiores.

Lo llamativo es el diseño de la susodicha portada. El dibujo principal une a Jesucristo con la hoz y el martillo. Debajo, algo de texto aporta “chicha” sobre el asunto. Diría que, por su longitud, son dos sumarios, aunque a lo mejor encajan mejor en la categoría de subtítulos. Se me va olvidando el argot del periodismo impreso, para qué engañarles. Pero no nos vayamos por las ramas. Lo importante está a los lados. A la izquierda de la pantalla, el protagonista de la noticia: José Carrillo. A la derecha, su padre, Santiago Carrillo, fallecido en septiembre de 2012. ¿Qué hace un difunto en mi portada? Intentaremos explicarlo, pero es harto complicado.

A todo el mundo se lo dicen en la facultad: aunque tengan 5.000 años, las pirámides de Egipto pueden ser noticia si algún descubrimiento nuevo las pone de actualidad. Aunque choque, lo más grave de la inclusión de Carrillo (Santiago) en una portada hoy día no es que lleve cuatro meses muerto. Es que su relación con la noticia es nula. El único interés que aporta su resurrección gráfica es subrayar su condición de padre del rector. Piensen mal y acertarán: José quiere cerrar las capillas porque lleva el comunismo en las venas. Ni un solo hecho objetivable confirma semejante tesis. De hecho, Santiago Carrillo no es mencionado ni en la portada ni en la noticia de las páginas interiores. Pero ahí está su efigie, traviesa, para que nadie olvide quién es el padre del hijo.

Es posible que José Carrillo sea un pésimo rector de la Complutense. Si así fuera, merece toda la crítica que los medios de comunicación quieran hacerle. La Gaceta, por su parte, está en su pleno derecho de luchar editorialmente por la supervivencia de las capillas universitarias. Me parece una reivindicación justa en una sociedad plural y democrática. Pero se debe hacer con juego limpio. La batalla es contra José Carrillo Menéndez, y en ella nada tiene que decir la memoria del finado Santiago Carrillo Solares.

En líneas generales, el hecho es censurable. Si vamos a lo particular, nos metemos en otro terreno. Es pantanoso, pero interesante. Tanto que, me parece, tendrá protagonismo en artículo aparte. Refiere al interés de cierta derecha –la agrupada en el grupo Intereconomía- y cierta izquierda –sobre todo la que alumbró Público- en mirar permanentemente al retrovisor de 1936. No sé a ustedes, pero cada vez que me asomo a esos tiempos sólo veo espeluzno. Prefiero fijarme en la segunda mitad de los setenta. De hecho, es lo único que anima  seguir mirando de frente la carretera.

sábado, 5 de enero de 2013

Desenfocar


Viernes, 4 de enero de 2013. La cabalgata de Reyes de Madrid, prevista para la tarde siguiente, se encuentra en el ojo del huracán informativo. El motivo es la huelga anunciada por los trabajadores del metro. Afecta a las líneas relacionadas con el recorrido. Además, algunos representantes sindicales afirman que no se respetarán los servicios mínimos. Es el tema del día. Lo reflejan los medios, pero también bares y oficinas. La idea-fuerza viene a ser la siguiente: tengan razón o no en sus reivindicaciones, trabajadores y sindicatos van a repercutirlas en los niños que se dirijan a presenciar la cabalgata. Sin metro, acercarse a las calles que son escenario del recorrido puede ser harto complicado. Se teme el caos. Las tertulias acogen algún que otro defensor de los convocantes. Pero sobrevuela una opinión bastante generalizada: llevar a cabo la huelga de transporte en la tarde del 5 de enero es un desatino.

El Abierto de Hoy por hoy, en la Cadena SER, pasa de puntillas sobre el tema. Sus tertulianos prefieren otros asuntos. A las diez, en esos primeros minutos en los que Gemma Nierga toma las riendas sin terminar de orillar a Pepa Bueno, surge la cabalgata. Albricias. ¿Qué postura editorial va a adoptar la SER? A juicio de quién esto escribe, la peor de todas: moldear la actualidad para que ésta se adecúe a un esquema más agradable para el medio. La noticia no está en la cabalgata de Madrid, a la que suelen acudir unas 700.000 personas. Está en la alternativa popular que tradicionalmente celebra el distrito de Hortaleza. De ella constan asistencias de en torno a las 3.000 almas. Un artículo de Isaac Rosa en eldiario.es sirve de “percha” informativa. Como veremos más adelante, más que una “percha”, la columna es un salvavidas. El autor, colaborador en otro espacio de la cadena, está en directo en los estudios. Así, Rosa, Nierga y Bueno consiguen invertir unos cuantos minutos hablando de Reyes Magos y de cabalgatas. Pero Hortaleza no es más que un punto de partida que permite llegar a destinos más interesantes para Gran Vía 32: ansías privatizadoras de la derecha, recortes sociales, críticas al Ayuntamiento de Madrid, etc.

Está comúnmente aceptado: se marca mucho más la línea editorial en el “qué” que en el “cómo”. La selección de los temas a tratar –que apareja sin remedio una selección paralela de temas “a no tratar”- es lo que establece la verdadera pauta. Pero hasta para eso hay límites. Éticos y estéticos. La lucha de vecinos de Hortaleza se centra en defender su cabalgata popular, que se celebra desde 1979. El Ayuntamiento la ve con malos ojos y quiere imponer una alternativa que sus contrarios tildan de “privatizada”. Pero el tema está lejos de ser actualidad. Colea, por lo menos, desde 2008. Las molestias que la huelga de metro pueda ocasionar de cara a la cabalgata “general” de Madrid están, en cambio, en boca de todos. Es el tema del día. Rabiosa actualidad, diría el tópico.

En la mañana del 4 de enero de 2013, la Cadena SER fue incapaz de poner el foco. Escogió lo anecdótico frente a lo fundamental porque informativamente le ofrecía un panorama menos espinoso para sus (muy legítimos) principios editoriales. Eso se puede llamar de muchas maneras. “Periodismo” no es una de ellas.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Hablar por hablar



Algún día hablaremos de The Newsroom. Será cuando haya visto toda la primera temporada y podamos hacer un comentario global. Sin embargo, no son pocos los aspectos de la profesión periodística que aborda y que merecen unos instantes de atención.

Vamos a referirnos a uno aparecido en el episodio sexto. (Hablo de memoria y, como diría Umbral, no me voy a levantar a comprobarlo). El “anchorman” que interpreta Jeff Daniels se muestra molesto por tener que leer en su informativo algunas de las opiniones que los espectadores dejan en la página de la cadena o envían a través de las redes sociales. Esto da pie a un hilarante diálogo en el que Daniels pide a su redacción que intente imaginarse a Walter Cronkrite manteniendo su credibilidad mientras pronuncia en voz alta algunos de los muy ridículos apodos con los que estos espectadores firman sus escritos.

Resulta sorprendente que tenga que ser un dramaturgo –Aaron Sorkin- el que haya puesto de relieve un aspecto comentado informalmente en algunas redacciones, pero todavía no objeto del necesario debate en profundidad. Nos referimos, claro, al exceso de protagonismo que las opiniones del público están adquiriendo en los medios de comunicación.  Entiendo que esta crítica resulte muy incómoda y se instale de pleno en eso que se entiende como “políticamente incorrecto”. Así que vamos a hacer un esfuerzo por explicarnos bien.


“Ese libro se lo podian regalar a todos los presos de Guantanamo. No existira peor tortura y condena que obligar a unos presos a leer ese bodrio insulso.”


En estos términos se expresa un lector de la web de El Mundo. sobre las recientes memorias de José María Aznar.
“Pero que señor + inpresentable ,este prepotente de Aznar ,asi de asquerosa es la politica ¿ellos selo gusan y ellos se lo comen ?y aqui estamos las marionetas bailando a su antojo ,,y a esto llaman DEMOCRACIA ,,PARA CUANDO LISTAS ABIERTAS ,no, eso no les interesa. X que entonces el pueblo eligeria a quien quisiera ,y no a quien nos inponen ,este señor ,tendria que ser juzgado x ,crimenes de guerra ,con la que liaron con la guerra de irak,hay es donde se ve donde nos lleban estos señores prepotentes ,¿pero lo que + me fastidia ,es como manejan al pueblo ,cuando 1,obrero vota ,p.p, x que la gente se deja llebar x el voto del miedo ,¿NO ,SI ESTAMOS INSEGUROS HAY QUE VOTAR EN BLANCO ,pero no dar el voto a 1, derechona hipocrita ,y prepotentes ,el señor ,RATO ,TIENE QUE PAGAR X LLEBAR A CAJA MADRID ,DONDE LA A LLEBADO, y con canbiar el nonbre BANKIA, lo soluciona todo ,,ALA CARCEL con este señor ,que no tubo conciencia conlos ahorros de los mayores ,al cual bajo el nonbre de PREFERENTES ,se queda con todo el dinero del pueblo ,SUERTE QUE LA JUSTICIA ,HESTA HECHA A SU ANTOJO ,,MIERDA Y MUCHA PARA ESTOS ,P.P.”.
(Este otro hace su deposición en la página de El País)
“Eres un serdo Aznar, no mereces ni el aire que respiras por haber sido un vil genocida. Dentro de poco se sabra que tú fuiste el maximo responsable de la muerte de 200 personas en los atentados del 11-M, C/abrón!”
(En esta ocasión, nos obsequia sus razonamientos un seguidor de Público). Si prefieren cambiar de tema, y darse una vuelta por la Cumbre Iberoamericana, un seguidor de Libertad Digital les regala los ojos con:
“¿Los sudacas estos dando lecciones de qué, de economía? ¡Cuando ellos tienen a sus propios países en la pura miseria. Cuba, Argentina, Venezuela, Colombia,............................! No me hagan de reir. España está mal, pero tengo la esperanza que este gobierno nos saque de la que nos ha metido el CABRON de Zapatero. No va a ser de la noche a la mañana, pero con el tiempo seguro que saldremos; aunque el lado rojo se empeñe en hacer ver que NO. Mas quisieran algunos paises sudacas estar como nosotros...”.



No sé a ustedes, pero a mí lo anterior me hace daño a los ojos. Digámoslo ya: a los medios –particularmente, a los digitales- se les ha ido la mano con la participación ciudadana. Parecen no existir filtros ni requisitos. Los comentarios bajo las noticias se han convertido en una molesta farfolla; una sucesión de desahogos en su mayor parte locoides, pésimamente redactados y ricos en faltas de ortografía. La información del periodista, generalmente bien preparada y presentada a los lectores, queda “ensuciada” por esa turbamulta que asoma sin permiso, cuyos gritos desaforados escenifican un patio de vecinos grosero y estridente, de esos que mueven a querer mudarse a un chalet.

En realidad, todo parte de un erróneo enfoque de la información en Internet. Entendido siempre como el medio de la inmediatez y la participación, las cabeceras impresas han malinterpretado su paso del papel a la pantalla, y han acabado siendo indiferenciables, en ese sentido, de cualquier portal de pacotilla morado por conspiradores de toda índole. El 99,9% de estos comentarios jamás serían publicados en las versiones impresas de los periódicos. Es más: los responsables de las secciones de opinión de los diarios suelen comentar cómo de difícil es llegar a ver una “carta al director” en sus páginas. Éstas llegan en cantidades ingentes. Sólo unas pocas se salvan de ser desechadas. Para ello, se tienen en cuenta criterios periodísticos, tales como el interés del tema de fondo o la calidad formal del texto. Es lo lógico.

Los medios no deben confundir sus versiones digitales con una región sin ley. El lector merece una selección de los comentarios que realmente sea digna de sus ojos. Da igual qué opiniones se expresen. Pero tienen que estar correctamente escritas, y prescindir por completo de insultos y calumnias. Son una parte demasiado importante en la información -¿quién no ha impreso mal una noticia de la web alguna vez, encontrándose como resultado dos párrafos de texto y cuatro folios de comentarios?- como para estar tan descuidada.

Pero, para ello, harán falta periodistas. Profesionales dispuestos a separar el grano de la paja, encontrar lo interesante y despreciar lo banal o redundante. Y no parece que ahora se esté mucho por la labor.

Así nos va.

sábado, 7 de abril de 2012

Los muertos no se tocan, nene


Lamento tener que volver a escribir sobre Mingote. Encantado dedicaría otro post a glosar sus innumerables virtudes, o a recopilar sus mejores viñetas. La actualidad periodística me lleva a tirar por otros derroteros, menos agradables. Recapitulemos los hechos.

El pasado Jueves Santo, La Razón dió honores de portada a una singular información. No llevaba la firma de un redactor, sino de uno de los colaboradores estrella de sus páginas de opinión, Alfonso Ussía. La noticia en sí, tampoco era mucha. Resulta que, allá por 2009, Mingote mantuvo un tira y afloja con ABC para mejorar sus condiciones contractuales. La Razón venía de anotarse un tanto en su guerra con el diario monárquico al contratar al propio Ussía. A través del columnista, pretendió hacerse con los servicios del dibujante. En algún momento de la historia, el viñetista envío una dura misiva al entonces consejero delegado de Vocento, José Manuel Vargas. Como si de un texto que fuera a cambiar el rumbo de Occidente se tratara, Ussía aportaba una copia de dicha carta, escrita sobre papel timbrado de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) con la inconfundible letra del maestro.

Tan peregrino "scoop" ha supuesto, en opinión de quien esto escribe, el más bochornoso patinazo del periódico en sus trece años largos de historia. En la encrucijada, ABC ha optado por devolver el golpe, con una demoledora entrevista a Isabel Vigiola, viuda de Mingote. Ussía ha pedido perdón, y se ha flagelado por inoportuno, que no por mentiroso. Al tiempo, añade malévolo que en la entrevista a Isabel se han omitido algunas respuestas. Da igual, Alfonso. Basta que lo que aparece reflejado sea fiel a la realidad para que todos los implicados en este error mayúsculo bajen la cabeza una temporadita.

La realidad es muy tozuda. La carta data de 2009, y Mingote ha fallecido consumido el primer tercio de 2012. En todo este período, no ha faltado a la cita diaria con ABC. ¿Que un día tuvo sus más y sus menos con los gestores del periódico? Bueno, ¿y? ¿Por qué quiere sacar pecho La Razón? ¿Porque una vez estuvo relativamente cerca de hacerse con sus servicios? Pues vaya cosa. Inoportuno, dice Ussía. Sí. Pero no sólo eso. También zafio y grosero. Pasear la cartita con el protagonista recién fallecido se pasa de obsceno. Roza la pornografía.

No cuesta encontrar culpable en todo este batiburrillo. Es La Razón. Ussía puede tener un día tonto o, incluso, ser así todo el tiempo. Allá él. Lo escandaloso de este asunto es que haya gozado de la cobertura -y, ¡qué cobertura!- de un periódico que se dice serio. No sé qué le pasa por la cabeza a Francisco Marhuenda. El tipo cabal que asoma por las tertulias no puede ser el mismo que consiente esas portadas. Pero el intento de anotarse un tanto con un difunto por medio es demasiado. La gota que colma el vaso. El diario que dirige ha quedado a la altura del betún y se marca, de una tacada, varios goles en propia meta frente a su eterno rival.
Desengañemonos. El panorama mediático es desolador. Tanto, que no sería raro que en los próximos años Planeta y Vocento alcanzaran algún tipo de acuerdo que uniera La Razón y ABC. Si eso es así, tendrá gracia recordar la historia de marras. O a lo mejor no. A lo mejor gracia, lo que se dice gracia, esto no tiene nunca.

miércoles, 4 de abril de 2012

El referente


Siempre es díficil destacar a alguien sobre el resto. Ponerle de "número uno". Por eso, recurrimos a expresiones como "uno de los..." o "posiblemente el...". Para señalar al más genial referente de la prensa diaria española no había ese problema. Era Antonio Mingote. Precisamente, la condición de "diario" era lo que hacía especial su trabajo. Todos los días, una viñeta. Y en todas ellas, siempre un rasgo de genialidad. Durante más de medio siglo, los lectores de prensa se han despertado con la certeza de que encontrarían un dibujo de Mingote. El genio llenó nuestras vidas de niños despiertos, ancianos sabios, adultos atontados, maridos empequeñecidos frente a sus esposas y estupendas señoras en bikini capaces de resumir, de un plumazo, algún complejo aspecto de la actualidad. Las vamos a echar mucho de menos. Uno puede acostumbrarse a una porción diaria de genialidad. Lo malo es cuando te la quitan.
Antonio Mingote combinaba a las mil maravillas fondo y forma. ¡Qué certeros eran los diálogos de sus personajes! ¡Qué inteligentes reflexiones estaban detrás de sus viñetas! Pero ellos se envolvían en unos dibujos aparentemente sencillos, que estaban llenos de una expresividad. Por eso era un cartelista e ilustrador muy reputado.
Se solía decir que ABC eran él y la grapa. "Gracias de parte de la grapa", creo que contestó una vez. El periódico centenario pierde mucho con la muerte de Mingote. Se rompe el único y más sólido vínculo que lo unía al carácter de cabecera de referencia. El diario no atraviesa su mejor momento. Con demasiada oferta similar en el kiosco -La Razón, de un lado, La Gaceta, del otro- ha optado por una fórmula de portadas escandalosas con las que, suponemos, pretende volver a los tiempos de Anson. Lo malo es que la gracia del académico con los textos brilla por su ausencia. Si no fuera por las columnas de Ignacio Camacho, el talento desbordante de Rosa Belmonte o las críticas de cine de Oti R. Marchante, el periódico estaría instalado en la inanidad. Pero no hablemos de eso ahora. A fin de cuentas, en este momento no importa mucho lo que pase con ABC en el futuro. Para muchos, siempre será el periódico que durante más de medio siglo nos sirvió a diario una viñeta de Antonio Mingote. Y eso ya es suficiente para estarle eternamente agradecido.