La hoguera de las vanidades

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martes, 13 de diciembre de 2016

...y Cebrián salió al exterior


No milito en ningún bando en lo que Juan Luis Cebrián se refiere. Ni le considero un faro para guiar al periodismo occidental ni le creo responsable de los males que asolan a España. Tiendo a pensar que fue un buen director de El País, aunque para cuando yo me sumé como lector, aunque fuera muy precoz, él hacía ya varios años que estaba en funciones directivas. Soy un consumidor bastante desprejuiciado de los productos de PRISA. Estoy suscrito, vía Kiosko y Más, a El País, periódico que leo a diario -como ABC y El Mundo- desde mi más tierna infancia. Muchas horas de Cadena SER integran mi trayectoria de radioyente. El primer Canal+ fue un producto de primerísima calidad. Y el catálogo de Alfaguara ha deparado algunas de las mejores novelas de las últimas décadas. 

Lo malo lo sabemos todos. Endogamia, arrogancia, cierto sectarismo a la hora de dictar qué es de recibo y qué no en la sociedad española en general y en la cultural en particular. Entre finales de los 80 y mediados de los 2000, PRISA ejercía una influencia que sólo ahora, con la perspectiva del tiempo, podemos apreciar en su justa medida. 

La necesidad de promocionar sus recién publicadas memorias ha puesto a su consejero delegado en una curiosa situación. De repente, Cebrián se ha puesto a conceder varias entrevistas en poco tiempo a distintos periodistas... que no eran a la vez sus empleados. Esta salida al exterior del periodista/gestor ha tenido resultados dispares. El domingo, Jordi Évole le dedicó un Salvados entero. No sé en qué planeta vive el primer director de El País si de verdad pensaba que los asuntos que le han hecho protagonizar polémicas en los últimos tiempos iban a quedar al margen. El hundimiento de PRISA tras la muerte de Jesús de Polanco, su conexión con los llamados "papeles de Panamá" o los últimos posicionamientos editoriales del grupo eran asuntos de objetivo interés. Y más, perdón por repetir la idea, en un personaje que apenas ha concedido entrevistas más allá de las murallas de su propio grupo mediático. 

Campo abierto para hacer preguntas incómodas a uno de los hombres más influyentes de la España democrática. Évole entró en tromba. Su poco sutil búsqueda por el enfrentamiento decantó mucho la balanza a favor de Cebrián. Estuvo altivo, sí, pero esa altivez casi parecía la respuesta correcta al tono de su interrogador. 

A las horas, todo cambió como de la noche al día. (Je, je, je). La tourné de Juan Luis Cebrián por Atresmedia hacía parada en Más de uno, segmento Carlos Alsina. El conductor planteó las cuestiones anteriormente descritas. Pero, sea porque el entrevistado no reaccionó bien al visionado del espacio de Salvados previamente grabado o porque, simplemente, se le acabó su paciencia, el directivo de PRISA estuvo profundamente desafortunado en sus respuestas. En fondo y forma. Todo fue adquiriendo un tono incómodo que desembocó en una penosa referencia al onanismo y una especie de confesión: sólo por la insistencia de su editorial se sometía a la "tortura" de ser entrevistado por periodistas no empleados. Quiénes cotilleamos el asunto desde la plataforma Atresplayer pudimos ver cómo Cebrián abandonaba el estudio sin despedirse de John Müller y que Alsina recibía un teléfono móvil con el que iniciaba, entre sonrisas, una conversación muy poco después de que el directivo saliera por la puerta. 

En ambas charlas ha dicho Cebrián que ve cercano el fin de sus responsabilidades ejecutivas en PRISA. Quién sabe si lo que ha hecho es acelerar ese final. Vaya imagen. Inconvenientes, suponemos, de vivir en una burbuja. Como dijimos antes, en ese "grupo multimedia" (como socarronamente solía llamarlo Javier Pradera) ha sobrado endogamia. Se han cerrado en banda al exterior. Y eso puede provocar que dejes no ya de comprenderlo, sino de simplemente saber qué es lo que, más o menos, le puede esperar a uno fuera. El entrevistado debía haber previsto las preguntas y contestarlas con educación. O justificar la ausencia de respuesta siempre con buenas maneras. Los aspavientos hacia la mera formulación de las cuestiones no son coherentes con una visión ponderada de nuestra realidad. 

En el momento álgido de su injustificada irritación con Alsina, Juan Luis Cebrian dijo que 

"Sólo hay algo parecido al deterioro de la clase política española y es el de los medios de comunicación"

Lo celebro. Porque lo comparto. No he escuchado a nadie preguntarle estos días con cuanta frecuencia consulta lo que se publica en El Huffington Post, cuyo 50% de acciones posee PRISA. Yo me muero de curiosidad. A lo mejor a la próxima. Si es que la hay, claro. 

sábado, 30 de mayo de 2015

Un debate tuitero con Ana Pastor

Doy, vía Twitter, con una magnífica columna de Hughes en ABC. Por su interés (o sea, por el mio, porque me va a ahorrar mucha explicación), lo reproduzco a continuación, sin ánimo de cometer delito alguno contra la propiedad intelectual: 
Al tertulianés que registra Antonio Burgos podría añadirse la expresión «líneas rojas». Se dice mucho ahora. Todos establecen líneas rojas en el diálogo multipartito. Qué cosas. Pues ayer hubo un momento televisivo de líneas rojas. Fue en «Al Rojo Vivo», y perdón por la redundancia. Informaba Ferreras de unas declaraciones de Ana Palacio en las que habría comparado a Podemos con el ISIS. La realidad es que la exministra participó en un debate y habló de cómo en un mundo cambiante, «en mutación», la nostalgia se convierte en un factor político. Puso ejemplos: la nostalgia del califato por el ISIS, la de la grandeza decimonónica en Rusia o la de formas de feliz unidad comunitaria en Europa, entre ellas, la Barcelona de Ada Colau. No había una comparación de elementos, sino la comparación de una relación. Lo asombroso es que Ferreras emitió un «audio» con ella explicando lo anterior y al terminar, con gran aparatosidad de brazos y con una indignación muy severa, siguió sosteniendo lo mismo: «Ana Palacio compara a Podemos con el ISIS». Sus tertulianos cabecearon el asentimiento y el titular se difundió por muchos medios. En Twitter lo hizo la periodista Ana Pastor y obtuvo más de 200 redifusiones. Palacio ofreció su artículo y consiguió sólo 12. Cada uno tiene sus ideas, pero algunas cosas las compartimos; la lógica y sus reglas, por ejemplo. Se observa, además, que alrededor de Podemos se está creando un campo de seguridad semántico en el que sólo caben las palabras amor, ciudadano, bueno, democracia, cambio, desahucio, transparencia y «Juego de Tronos». Si te sales, o estás loco o eres lo de siempre: un facha.
Suscribo el contenido con bastante entusiasmo. Habla de una de las cosas que más me gusta: el rigor en el ejercicio de la profesión periodística. No digo que los dos profesionales que cita la columna -Antonio García Ferreras y Ana Pastor- no lo practiquen en el día a día. Pero sí patinaron en el caso que nos cuenta aquí Hughes.  Con ese ánimo, pío en Twitter lo siguiente: 


 

(Uso "zas!" en vez de "corte" como un guiño a la propia Pastor, que suele tirar mucho de esa expresión, procedente de la serie de animación Padre de familia, que nunca fue santo de mi devoción.). La aludida no lo ve igual, y responde: 


Aquí, cometo un error. Doy por hecho que Pastor no niega el contenido de la columna, pero protesta por la exclusiva personificación que se hace de ella y de Ferreras. Pensando que el enlace a un artículo de Expansión que adjunta tiene el propósito de demostrar que fue un error generalizado, ni me molesto en leerlo y contesto con cierto despiste. La conversación prosigue así: 


Aquí ya sí que nos centramos un poquito más. Ana Pastor sostiene que la interpretación que realiza La Sexta de las palabras de Ana Palacio es correcta, y para ello se sirve del citado artículo de Expansión (que firman Miguel Ángel Patiño y David Casals) y aporta otro nuevo, en esta ocasión publicado en La Vanguardia (que no es más que la información de la Agencia EFE). Hay otro tuitero, Gerardo González (@desdetoronto) que aporta a la causa una tercera pieza, firmada por Llúis Pellicer. No consigo colegir si su tuit, que presenta el artículo con una única palabra -"MATIZ"- es a favor de la tesis de Pastor o de la mía. En cualquier caso lo sumaremos al análisis. 

Un poco de contexto. El Partido Popular obtiene un resultado francamente malo en las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo. (Pero, ¿cómo? ¿que todavía no ha leído mi análisis de esa cita electoral? Nunca es tarde...). Un aspecto capta inmediatamente una gran atención: las dos principales ciudades del país -y dos de las más importantes urbes de Europa- Madrid  y Barcelona, serán muy probablemente gobernadas por las candidaturas populares patrocinadas por Podemos. La digestión ha sido algo difícil. Esperanza Aguirre ha protagonizado una semana particularmente bochornosa, en línea con la movilizadora campaña que ha hecho realidad esa Manuela Carmena de cuento de hadas que hábilmente diseñó su equipo. Soviets por aquí, dudas democráticas por allá. Acullá, concejalas que desbarran en sus muros sociales. El clima se podría resumir así: la derecha mediática redobla esfuerzos en pintar el entorno de Podemos como emisarios del mismísimo Satán. La derecha política "ayuda" (es un decir) con comentarios como los arriba descritos. Mientras, la izquierda mediática hace de insistente altavoz de todos esos disparates, porque de ellos saca petróleo tanto en audiencia como para sus (legítimos) intereses editoriales. 

Es en semejante entorno en el que Ana Palacio toma la palabra en la XXXI Reunión del Círculo de Economía, celebrada en Sitges (Barcelona), estos pasados días. Aquí puede consultarse la intervención entera. Éstas fueron las palabras de la discordia: 

Hoy estamos en un mundo de nostalgias. Como siempre que hay una gran mutación, emergen las nostalgias. Y la nostalgia puede ser Ada Colau, con una idea, o Podemos, con una idea de una arcadia comunista feliz, o puede ser ISIS... que yo no diría que es una vuelta al siglo XVII, es una nostalgia del siglo XI, de la gran momento del califato (sic). O una nostalgia de los UKIP, de los Le Pen, de los bon bien temps, en los que vivíamos tan bien, tan solos, nosotros aisladitos, todos muy soberanos... eso está latente. 
Esta es mi tesis: con su reflexión, Palacio quiere señalar que Colau y Podemos se mueven por la nostalgia, al igual que el llamado Estado Islámico (ISIS)... y otros actores políticos que cita a continuación. (Vaya por delante: meter al ISIS en un saco de actores políticos no es atinado). Como dice Hughes, "No había una comparación de elementos, sino la comparación de una relación". Esto puede ser discutible, discutido y refutado en fondo y forma.  Pero ojo a cómo plantea Ferreras el tema durante la emisión en directo de Al rojo vivo (a partir del 01:16:49, mientras mantiene una entrevista a distancia con Jorge Verstrynge y da paso al reportero Jorge Romance): 

...atención, hay novedades, la ex ministra de Exteriores... Jorge Verstrynge, ponte el cinturón de seguridad... Ana Palacio está diciendo, Jorge Romance, que Ada Colau, Podemos... son algo así como... los que quieren una arcadia comunista feliz... estilo Estado Islámico. 
Ya hemos visto antes que no. El "directo" posterior de Romance no es mucho mejor, pero sí algo menos deformador. Habla de "comparación" por parte de Palacio de las nuevas formaciones con el Estado Islámico. Resulta incompleto, porque excluye los mínimos matices que harían comprensible lo sucedido con una mínima exactitud. Lo peor viene cuando Ferreras "recoge": 

"...atención, compara a Podemos, vincula a Podemos... a Marine Le Pen... y al Estado Islámico de Al Baghdadi." 
¡"Vincular"! ¡Menudo verbo! Cualquiera diría que Palacio cree que el Ayuntamiento de Barcelona procederá a vestir de naranja a sus vecinos menos afectos y rebanarles el pescuezo. Después, sigue una intervención de Verstrynge "as himself" que no contribuye a la serenidad, pero dado que parece estar en un parque (¿el Retiro?) y toda la información que tiene es la que le acaba de suministrar el presentador, tampoco haremos sangre. Pero el mal está hecho: los medios repican la noticia. Ana Pastor tuitea: 



Doble error. El principal es el de eldiario.es. Cómo hemos visto, Palacio no ha dicho eso. Es curioso, porque la noticia no es más que el teletipo de EFE, con el contenido en líneas generales correcto. Patina un poco este párrafo: 

"Estamos en un mundo de nostalgias, como puede ser la idea de la Arcadia económica feliz de Colau o Podemos", ha dicho, para vincular después esa eventual añoranza con episodios de la historia como "el gran Califato".
Pero parece obra más de una redacción algo pobre que de un avieso afán manipulador. Supongo que el escandaloso titular será cosa de eldiario.es. Mal, insistimos. Y que eso se rebote a los más de 1.320.000 seguidores en Twitter de la presentadora de El Objetivo no es bueno para nadie. 

Vamos ahora con las piezas que aporta Ana Pastor en su defensa. Empecemos por Expansión




No es el mejor de los titulares. Pero no se le puede reprochar falsedad. Es cierto que hace un paralelismo. Pero éste contiene una cierta complejidad intelectual que queda, mal que bien, explicada en el cuerpo del texto. (Ventajas de las piezas escritas). En su primera intervención, Ferreras desliza la idea de que Palacio dice que Podemos y el ISIS buscan lo mismo. En la segunda, ese uso de "comparar" y "vincular" crea una imagen mental en el espectador muy injusta con lo que la ex ministra dijo realmente. Y nada que ver con eldiario.es, cuyo titular es un revuelto de lo dicho por Palacio que en nada se parece a la verdad. Ahora, La Vanguardia




Bastante mejor el subtítulo que el titular. En cualquier caso, aún retorcido, tampoco puede tildarse de falso. Sí, compara el éxito, porque surge de esas "nostalgias" de las que habla. No da la mejor información a aquel que no se lea el resto de la noticia, para qué engañarnos. Pero sigue sin parecerme comparable a lo sucedido en La Sexta. Terminamos con El País



Me parece un titular impecable, qué quieren que les diga. Establece el posicionamiento editorial respecto a las palabras de Palacio sin decir lo que no dijo. (Insisto en que no sé si la noticia salió a colación para defender mi tesis o la de Ana Pastor). 

Todos cometemos errores. Ferreras está al frente de un complicado programa en directo a una hora en la que todo está sucediendo. Tiene que dar paso a directos con la apresurada información que le pasan por pinganillo. Seguro que si hubiese escuchado a Palacio habría sabido presentar el asunto con mayor rigor, sin necesidad de renunciar a un posicionamiento editorial crítico. Cabe decir lo mismo de Pastor. Ella misma es puntillosa con estos temas en los programas que presenta. El pasado viernes, en medio del frenesí informativo que tan poco hueco para la reflexión nos deja, ambos patinaron. No pasa nada. Se reconoce y a otra cosa. 

Sin haber revisado todavía el texto, creo que he conseguido terminarlo sin llamar Ana Palacio a Ana Pastor ni viceversa. Ya me parece cómo para irse satisfecho a la cama. 








sábado, 14 de septiembre de 2013

La Gracia

http://elpais.com/elpais/2013/09/13/gente/1379077154_452012.HTML




La gracia se tiene o no se tiene. Luz Sánchez-Mellado no la tiene. La periodista está al frente de una columna semanal en El País. Se llama Portera de día, en un guiño difícil de entender para cualquier persona menor de 35 años. Su objetivo es hacer un repaso mordaz a la actualidad de la semana. Es un propósito loable, pero muy alejado de los resultados. Sin embargo, los textos de Mellado son de una gran utilidad periodística. Sirven para demostrar que esta profesión sigue necesitando de chispa a la hora de generar piezas memorables. Una especie de alquimia que permita que lo verdaderamente talentoso se imponga a formulismos y modelos prefabricados.

Lean el enlace de arriba. No le falta detalle. En las umbralianas negritas se apretujan políticos (ay de ellos como sean del PP), comunicadores, artistas y freaks en nómina de Telecinco. Las referencias a temas actuales se cruzan a velocidad endiablada. De Julio Iglesias a Ana Botella, del COI a Sálvame, de Amador Mohedano a la juez Alaya, de los papeles de Bárcenas a las maternidades tardías. Los juegos de palabras se suceden sin cesar. La malicia se hace presente en cada línea. Todo está preparado para divertir al lector. Pero eso nunca sucede.

El análisis satírico de la actualidad es un género dificilísimo. No está al alcance de cualquiera, porque es imposible en él “cubrir el expediente”; no hacerlo como es debido equivale a un ridículo espantoso. Carmen Rigalt lo domina a la perfección en El Mundo. ABC tiene un diamante en bruto en Rosa Belmonte, una de las mejores plumas del periodismo actual, que paga muy caro el pato de no escribir sobre temas de los considerados “serios”. El País anda algo escaso en ese perfil. Durante un tiempo lo desempeñó con dignidad Maruja Torres. Tras una vergonzosa decadencia teñida de atroz sectarismo, su firma ha desaparecido del diario de Prisa. Elvira Lindo parece alejarse un poco de ese estilo que le hizo famosa, aunque lo resucita de vez en cuando. Modelos había dónde mirarse.

No es Sánchez-Mellado una periodista totalmente desechable. Los domingos realiza perfiles de políticos más presentables. No son para tirar cohetes, pero no están escritos con la intención de resultar desternillantes, con lo que cumplen su función de manera infinitamente más eficaz.

Y es que la gracia se tiene o no se tiene. Y Luz Sánchez-Mellado no la tiene.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Hablar por hablar



Algún día hablaremos de The Newsroom. Será cuando haya visto toda la primera temporada y podamos hacer un comentario global. Sin embargo, no son pocos los aspectos de la profesión periodística que aborda y que merecen unos instantes de atención.

Vamos a referirnos a uno aparecido en el episodio sexto. (Hablo de memoria y, como diría Umbral, no me voy a levantar a comprobarlo). El “anchorman” que interpreta Jeff Daniels se muestra molesto por tener que leer en su informativo algunas de las opiniones que los espectadores dejan en la página de la cadena o envían a través de las redes sociales. Esto da pie a un hilarante diálogo en el que Daniels pide a su redacción que intente imaginarse a Walter Cronkrite manteniendo su credibilidad mientras pronuncia en voz alta algunos de los muy ridículos apodos con los que estos espectadores firman sus escritos.

Resulta sorprendente que tenga que ser un dramaturgo –Aaron Sorkin- el que haya puesto de relieve un aspecto comentado informalmente en algunas redacciones, pero todavía no objeto del necesario debate en profundidad. Nos referimos, claro, al exceso de protagonismo que las opiniones del público están adquiriendo en los medios de comunicación.  Entiendo que esta crítica resulte muy incómoda y se instale de pleno en eso que se entiende como “políticamente incorrecto”. Así que vamos a hacer un esfuerzo por explicarnos bien.


“Ese libro se lo podian regalar a todos los presos de Guantanamo. No existira peor tortura y condena que obligar a unos presos a leer ese bodrio insulso.”


En estos términos se expresa un lector de la web de El Mundo. sobre las recientes memorias de José María Aznar.
“Pero que señor + inpresentable ,este prepotente de Aznar ,asi de asquerosa es la politica ¿ellos selo gusan y ellos se lo comen ?y aqui estamos las marionetas bailando a su antojo ,,y a esto llaman DEMOCRACIA ,,PARA CUANDO LISTAS ABIERTAS ,no, eso no les interesa. X que entonces el pueblo eligeria a quien quisiera ,y no a quien nos inponen ,este señor ,tendria que ser juzgado x ,crimenes de guerra ,con la que liaron con la guerra de irak,hay es donde se ve donde nos lleban estos señores prepotentes ,¿pero lo que + me fastidia ,es como manejan al pueblo ,cuando 1,obrero vota ,p.p, x que la gente se deja llebar x el voto del miedo ,¿NO ,SI ESTAMOS INSEGUROS HAY QUE VOTAR EN BLANCO ,pero no dar el voto a 1, derechona hipocrita ,y prepotentes ,el señor ,RATO ,TIENE QUE PAGAR X LLEBAR A CAJA MADRID ,DONDE LA A LLEBADO, y con canbiar el nonbre BANKIA, lo soluciona todo ,,ALA CARCEL con este señor ,que no tubo conciencia conlos ahorros de los mayores ,al cual bajo el nonbre de PREFERENTES ,se queda con todo el dinero del pueblo ,SUERTE QUE LA JUSTICIA ,HESTA HECHA A SU ANTOJO ,,MIERDA Y MUCHA PARA ESTOS ,P.P.”.
(Este otro hace su deposición en la página de El País)
“Eres un serdo Aznar, no mereces ni el aire que respiras por haber sido un vil genocida. Dentro de poco se sabra que tú fuiste el maximo responsable de la muerte de 200 personas en los atentados del 11-M, C/abrón!”
(En esta ocasión, nos obsequia sus razonamientos un seguidor de Público). Si prefieren cambiar de tema, y darse una vuelta por la Cumbre Iberoamericana, un seguidor de Libertad Digital les regala los ojos con:
“¿Los sudacas estos dando lecciones de qué, de economía? ¡Cuando ellos tienen a sus propios países en la pura miseria. Cuba, Argentina, Venezuela, Colombia,............................! No me hagan de reir. España está mal, pero tengo la esperanza que este gobierno nos saque de la que nos ha metido el CABRON de Zapatero. No va a ser de la noche a la mañana, pero con el tiempo seguro que saldremos; aunque el lado rojo se empeñe en hacer ver que NO. Mas quisieran algunos paises sudacas estar como nosotros...”.



No sé a ustedes, pero a mí lo anterior me hace daño a los ojos. Digámoslo ya: a los medios –particularmente, a los digitales- se les ha ido la mano con la participación ciudadana. Parecen no existir filtros ni requisitos. Los comentarios bajo las noticias se han convertido en una molesta farfolla; una sucesión de desahogos en su mayor parte locoides, pésimamente redactados y ricos en faltas de ortografía. La información del periodista, generalmente bien preparada y presentada a los lectores, queda “ensuciada” por esa turbamulta que asoma sin permiso, cuyos gritos desaforados escenifican un patio de vecinos grosero y estridente, de esos que mueven a querer mudarse a un chalet.

En realidad, todo parte de un erróneo enfoque de la información en Internet. Entendido siempre como el medio de la inmediatez y la participación, las cabeceras impresas han malinterpretado su paso del papel a la pantalla, y han acabado siendo indiferenciables, en ese sentido, de cualquier portal de pacotilla morado por conspiradores de toda índole. El 99,9% de estos comentarios jamás serían publicados en las versiones impresas de los periódicos. Es más: los responsables de las secciones de opinión de los diarios suelen comentar cómo de difícil es llegar a ver una “carta al director” en sus páginas. Éstas llegan en cantidades ingentes. Sólo unas pocas se salvan de ser desechadas. Para ello, se tienen en cuenta criterios periodísticos, tales como el interés del tema de fondo o la calidad formal del texto. Es lo lógico.

Los medios no deben confundir sus versiones digitales con una región sin ley. El lector merece una selección de los comentarios que realmente sea digna de sus ojos. Da igual qué opiniones se expresen. Pero tienen que estar correctamente escritas, y prescindir por completo de insultos y calumnias. Son una parte demasiado importante en la información -¿quién no ha impreso mal una noticia de la web alguna vez, encontrándose como resultado dos párrafos de texto y cuatro folios de comentarios?- como para estar tan descuidada.

Pero, para ello, harán falta periodistas. Profesionales dispuestos a separar el grano de la paja, encontrar lo interesante y despreciar lo banal o redundante. Y no parece que ahora se esté mucho por la labor.

Así nos va.

viernes, 21 de enero de 2011

Indiscreet


Comparto con ustedes el texto de la columna de Almudena Grandes en El País el pasado lunes:




Hace algunos años, Joaquín Sabina invitó a cenar a su casa a un grupo de amigos entre los que se contaba Ángel González. Al llegar, encontramos el ambiente un poco tenso, pero pronto, entre copas y cotilleos -del tabaco, esta semana no hablaré-, se impuso un bienestar antiguo, cómplice, mientras la conversación circulaba por cauces familiares. El anfitrión inauguró uno al declarar que estaba leyendo a Paul Celan, poeta rumano de lengua alemana cuya obra es un paradigma de la poesía críptica de la segunda mitad del siglo XX. Mucho más tarde, ya más de mañana que de madrugada, al disolverse la reunión, Ángel decidió hacer uso de sus prerrogativas patriarcales y quedarse a dormir en el cuarto de invitados. Así, descubrió enseguida el origen de la tensión que habíamos percibido al principio. Apenas cerró la puerta del dormitorio, los dueños de la casa se entregaron con ardor a la bronca conyugal que había interrumpido nuestra llegada hasta que, en un momento determinado, Joaquín gritó dos veces seguidas la misma frase, ¡no entiendo nada! Entonces, Ángel salió al pasillo, miró a su mujer y le hizo una pregunta: ¿Qué pasa, ya está leyendo otra vez a Paul Celan?

La pregunta que se estarán haciendo ustedes es por qué les cuento esto. Les responderé enseguida. ¿Recuerdan cómo estábamos hace una semana? La subasta de deuda griega nos tenía con las carnes abiertas. Su previsible fracaso acarrearía el de la portuguesa y después, el de la nuestra. El lunes, las informaciones económicas desteñían tintes más negros que la conciencia de un especulador, y de repente, ¡oh, milagro!, a los inversores les gusta el sur de Europa. ¿Quién ha aflojado la soga? ¿Por qué? ¿Cuándo volverá a apretarla?

De un tiempo a esta parte, las informaciones sobre la crisis se parecen cada vez más a la obra de Paul Celan. Yo, por lo menos, no entiendo nada.


La columna me parece doblemente desafortunada. Por un lado, la "idea fuerza" que la justifica está realmente pillada por los pelos. O, quizá, la autora de Las edades de Lulú no ha sabido expresarla. La colación del (para mí ignoto) poeta rumano y su relación con las informaciones sobre la crisis ni termina de quedar clara ni en ningún caso resulta atractiva o de algún interés concreto para el lector. El paralelismo que quiere trazar Grandes recuerda a esos momentos incómodos que se viven cuando, en una reunión social, alguien quiere expresar algo comparándolo con un viejo chiste y lo cuenta mal. "Es como el chiste ese de..." y ni tiene gracia ni resulta pertinente como ejemplo.



El otro problema me parece más grave. Hagan el experimento de volver a leer la columna quitándole los nombres propios. "Una vez fui a una cena que ofrecía una pareja y allí acudió también un señor mayor que, si se hacía muy tarde, solía quedarse a dormir". Algo en ese estilo. ¿Verdad que el sentido del texto permanece inalterable? Siendo así, ¿por qué demonios se ofrecen los nombres propios, conocidísimos encima, y además en una situación que pertenece estrictamente a su privacidad?



Quizá, viendo el rumbo que han adquirido las cosas desde que Cuatro se fusionó con Telecinco, los columnistas de El País han decidido dar a sus textos un toque Sálvame DeLuxe.