La hoguera de las vanidades

La hoguera de las vanidades

domingo, 16 de noviembre de 2014

Los trapos sucios

 
Los trapos sucios se lavan en casa. El refrán, en boca de millones de abuelas a lo largo de los siglos, viene a la cabeza cuando se contempla lo que está sucediendo en torno al diario El Mundo.
 
Menos de un año después, los apresurados puntos de sutura aplicados sobre la herida de la destitución como director de su creador, Pedro J. Ramírez, han saltado por los aires. La sangre sale a borbotones. Y, a juzgar por la torpeza con la que los médicos intentan detener la hemorragia, ésta puede desangrar al diario, a Ramírez o incluso a ambos.  
 
Intentemos resumir los acontecimientos. A finales de enero, Unidad Editorial fulmina, una tarde tonta de jueves, al director de periódico por excelencia de la España democrática. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué ahora? El entorno del riojano apunta a una orden directa de Moncloa. El escozor con el siempre incómodo periodista habría alcanzado límites insoportables tras su posicionamiento editorial -publicación de SMS incluidos- en todo lo relacionado con el "caso Bárcenas". Otras voces dibujaron un escenario más pragmático. La crítica situación económica del rotativo, quizás achacable a los delirios de grandeza de un Ramírez empecinado en que El Mundo creara en torno a sí un imperio multimedia, pusieron a los accionistas en buena disposición para afrontar cambios. "Relevo en la dirección de El Mundo", titularon en portada al día siguiente. La foto que acompañaba el titular tiene gracia vista ahora. Un Pedro J. con gesto cansado se esfuerza por sonreír ante la cámara. Junto a él, su sucesor, Casimiro García-Abadillo. Éste compone un gesto difícil de descifrar: parece feliz por el nombramiento pero, al mismo tiempo, agacha la cabeza abrazado a su predecesor como si sintiera algo de incomodidad. El editorial no dejaba lugar a dudas:
 
Pedro J. Ramírez dejó bien claro que no se va por su propia voluntad, que si por él fuera hubiera dirigido EL MUNDO «hasta el último día de mi vida» y que tampoco está cansado. Atribuyó los cambios que ahora se han producido a una decisión «legítima» de los accionistas, pero admitió que las tensiones que han desembocado en su cese se agravaron a raíz del caso Bárcenas, en concreto tras «la bajeza» de Mariano Rajoy de estigmatizar a EL MUNDO en el Pleno del Congreso del 1 de agosto, cuando acusó al diario de «manipular» y «tergiversar».
 Desde el punto de vista de la línea editorial, la apuesta por Abadillo no podía resultar más continuista. Era, después de Ramírez, uno de los profesionales más asociados a la marca El Mundo. También quedó claro en el editorial de aquel 31 de enero:
 
La amargura de esa marcha queda matizada, en opinión del director de EL MUNDO, por la elección de su sustituto, Casimiro García-Abadillo, persona de su absoluta confianza, artífice de algunas de las mejores exclusivas del diario y su mano derecha en los últimos años. También por la decisión de la compañía de permitirle seguir vinculado a Unidad Editorial. Pedro J. Ramírez seguirá publicando su carta de los domingos, que no ha faltado a la cita en las cuatro últimas décadas, desde ABC, pasando por Diario 16 y en estas páginas desde octubre de 1989. «Mientras ese compromiso no se rompa y EL MUNDO continúe siendo EL MUNDO, yo seguiré aquí», señaló.
Esa última condición de Pedro J. retrata a la perfección a su apasionante personaje.  ¿Qué tendría que hacer El Mundo para dejar de ser El Mundo? Parece más bien que Ramírez  desliza la idea de que El Mundo es su criatura aún con él fuera de la dirección, y que va a necesitar de su permanente beneplácito editorial. Si eso es así, tendrá que reconocer que su enemigo íntimo Juan Luis Cebrián le ha ganado por la mano. No es que ahora mismo el primer director de El País atraviese su mejor momento de prestigio, pero habrá de reconocerle su capacidad para seguir rigiendo los destinos de esa cabecera 26 años después de haber abandonado su dirección. "¡Ay, si en los días de vino y rosas me hubiese inventado un cargo directivo en Unidad Editorial que me hubiera permitido seguir siendo el rey de El Mundo!", andará lamentándose Pedro J. Haberlo pensado antes. El puesto de director vitalicio de un periódico sólo existía en su cabeza.
 
Levantar un diario, bien lo sabe Ramírez, es una empresa harto difícil. Aquellos que se han consolidado -véanse las cabeceras de referencia internacional- lo han hecho sobre la base de proyectos sustentados en fundamentos que trascendían, con mucho, un perfil meramente personal. La identidad de un periódico ha de sobrevivir a la lógica sucesión de profesionales al cargo de su dirección. Nadie puede dudar del empuje que la etapa de Luis María Anson (1983-1997) al frente de ABC. Pero cuando éste se sirve de esos catorce años para otorgar la condición de "verdadero" a un periódico centenario, todos esbozamos una sonrisa condescendiente porque sabemos que (quizá intencionadamente) está haciendo el ridículo.
 
En ese estado de cosas, los meses transcurrieron con la anormalidad inherente a toda situación inédita. El Mundo llegaba diariamente a su cita con los lectores. Pedro J. Ramírez, generosa indemnización en el bolsillo, se dedicaba a conceder entrevistas por doquier hablando de lo que más le gusta: sí mismo. Para tal menester, el acuerdo con sus editores le reservaba hasta espacio en el propio periódico. Una carta dominical, a imagen y semejanza de la que empezó a escribir en ABC y que la acompañó durante sus sucesivas direcciones de Diario 16 y El Mundo. Un título rimbombante: "El arponero ingenuo". Y una extensión mayor que el texto semanal equivalente firmado por el nuevo director. Por no hablar de Twitter. (Algunos otros hitos de esos meses aparecen muy bien resumidos en este artículo del siempre bien informado Alberto Lardíes)
 
El frágil equilibrio terminó por romperse en la noche del 21 de octubre. Al parecer, Pedro J. se sintió ofendido por el papel que se le adjudicó en la cena de gala por el XXV Aniversario del diario. La lista de agravios incluía, se ha llegado a oír por ahí, el lugar físico reservado en la mesa a su pareja, Agatha Ruiz de la Prada. Lo cierto es que Ramírez pronunció un discurso en la citada cena, que rompe en pedazos nada más concluir. El detonante, sin embargo, es un comentario en el editorial de El Mundo del día siguiente, en el que se da una visión de su despido que acaba por enfurecerle. Otra vez Twitter. En semejante clima de tensión post-celebración de aniversario, el director del periódico se somete a una de esas manidas entrevistas jocosas que Rafael J. Álvarez se esfuerza en hacer en la contraportada de los sábados. Posiblemente molesto por los tuits y la creciente agresividad de su predecesor, García-Abadillo se pronuncia sobre él con demasiada nitidez. 
Pedro es el padre de la criatura. Muchos lo consideraban un periódico de autor. Ahora el periódico es más coral. Me gusta un periódico del que dentro de 10 años la gente diga 'ELMUNDO' y no 'El periódico de Casimiro'. (¿Y qué será el mundo si Pedro J. crea el universo?) Pedro montará un portal. Será un gran competidor y nos obligará a ser mejores. (¿Pero le molesta lo que Pedro J. dice últimamente?) Personalmente, no. Él es como un pez al que sacas de la pecera y lo pones en la mesa. Se muere. Ya no tiene el agua para vivir. Él estaría más feliz teniendo un medio propio y dirigiéndolo y no en esta posición tan incómoda que le hace decir cosas que no me gustan.
 ¿Sabía Abadillo el impacto que sus declaraciones iban a tener en su predecesor? Es probable. Pocos periodistas españoles le conocen mejor que él. Lo incomprensible es que una persona inteligente -como sinceramente creo él es- opte por una estrategia tan burda. Como era de esperar, la respuesta de Pedro J.vino en forma de arponazo ingenuo:
 
«Montará un portal», dices en otra expresión freudianamente ansiosa. Oye, no tengo ningún proyecto belenístico, pero si se diera el caso cuenta con que te invitaría a participar y te dejaría elegir la figurita con la que te sintieras más identificado. Bueno, gracias de nuevo; mantengamos al menos esta línea abierta y entre tanto ponles más banderillas de fuego a los cabestros. ¡Ah! y en relación a eso que dices de que no te gustaría que dentro de diez años la gente identificara a EL MUNDO como «el periódico de Casimiro», chico, nunca se sabe qué puede caernos del cielo, pero yo que tú tampoco me preocuparía demasiado. Francamente, ese peligro no lo veo.
Sólo es un párrafo representativo de la acidez presente en toda la pieza. No parece descabellado pensar que, dadas sus trayectorias, Pedro J. Ramírez y Casimiro García-Abadillo tengan cierto interés en preservar de todo mal al diario El Mundo. Los hechos apuntan a que han preferido salvar sus egos. (Del primero sabíamos que tenía dimensiones catedralicias. El del segundo empieza a prometer). El siguiente paso así lo demostró: Abadillo optó por responder... ¡¡desde el editorial del periódico!! De nuevo, un texto demoledor. Pero unas pocas líneas condensaban, si cabe, mayor dosis de vitriolo:
 
La transición no ha sido nada fácil. Sin duda, Pedro J. Ramírez es uno de los grandes directores de periódico que ha habido en España en los últimos 50 años. Y EL MUNDO es, en una parte muy considerable, obra suya.
¡El Mundo habla de Pedro J. Ramírez como "uno de los grandes directores de periódico que ha habido en España"! ¡"Uno de los"! ¡Poniéndole en el mismo saco que sepa Dios quién! Es una de las mayores crueldades que he visto en una guerra impresa entre egos periodísticos. Y, al mismo tiempo, un gran error. Mal estaba que Abadillo diera hilo a la cometa en una trifulca que sólo iba a dañar a la cabecera. Pero hacerlo desde el editorial del diario es demasiado desatino. Cabe recordar en este punto que quién se expresa a través de un editorial siempre es el mismo medio de comunicación. Independientemente de quién lo escriba sin firmar. El Mundo arremetiendo en público contra Ramírez es un extremo al que nunca se había tenido que llegar. Lo prueba los siguientes escenarios de la batalla: los programas matutinos de la televisión, con audiencias e influencia cada vez mayores. El diario deja de ser un producto periodístico de prestigio para convertirse en carnaza de televisión generalista. Un espacio en la escaleta entre el ingreso en prisión de la Pantoja y las fotos de una juerga nocturna de Francisco Nicolás.
 
Desde entonces hasta ahora, la cosa no ha hecho sino pudrirse aún más. De manera lenta pero constante. Pedro J. ya no puede escribir arponazos. Al tiempo, El Mundo realiza algún que otro posicionamiento editorial -en particular uno muy crítico contra el colectivo Libres e Iguales- que permite al entorno del riojano afirmar que el diario está cambiando de piel ideológica. (A grandes rasgos: de un liberalismo critico a cierto servilismo con Moncloa, en especial a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría). Que influyentes opinadores del medio, como Arcadi Espada, secunden esa tesis debería hacer saltar las alarmas en Unidad Editorial. Mucho ojo. Quién esto escribe estaba casi seguro de la viabilidad de un diario El Mundo sin Pedro J. Ramírez. De uno contra Pedro J. Ramírez tiene ya bastantes más dudas.
 
Sólo queda sentarse y esperar. Lo mejor para el periódico sería que se arreglaran. Ramírez podría contentarse con disfrutar de su fortuna y arponear ingenuamente una vez a la semana. Y Abadillo intentar encontrar su sitio sin necesidad de matar al padre. Ahora mismo ese escenario parece muy lejos de producirse. Así las cosas, que lleguen a un acuerdo y que Pedro J. monte un portal o lo que estime oportuno para seguir dando guerra periodística. No estaría de más. En los meses anteriormente descritos, Ramírez se ha ido convirtiendo en una especie de caricatura de sí mismo. No hay más que ver su perfil en Twitter. (¡Ay, el Twitter!). Desde hace semanas, Pedro J. Ramírez no cuenta nada que no tenga que ver con Pedro J. Ramírez. Su habitual narcisismo ha llegado a extremos grotescos. Yo, que le he seguido contra viento y marea, no puedo dejar de ver esa situación con tristeza. Al mismo tiempo, no dejo de pensar que una España sin Ramírez enredando se me antoja mucho más aburrida.
 
¿Un nuevo medio de comunicación? Si eso sirve para que Pedro J. abandone el ensimismamiento y vuelva al periodismo... bienvenido sea.








miércoles, 26 de febrero de 2014

Lo de Évole



No pude ver Operación Palace el domingo. Es una lástima. Los ecos de su impacto me llegaron a posteriori, y a través de las redes sociales. Jordi Évole había despertado emociones encontradas con un falso documental que presentaba el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 como una pantomima orquestada por el Rey y los principales partidos políticos y dirigida por José Luis Garci.

Muy intrigado, me dispuse a verlo a lo largo del día siguiente. No soy demasiado "evolista", pero tengo que reconocer que lo pasé en grande.  El planteamiento era disparatado y muy divertido. La participación de respetadas figuras de nuestra sociedad -Iñaki Gabilondo, Luis María Anson, Joaquín Leguina, Alejandro Rojas-Marcos, Fernando Ónega, con alguna pincelada "friki" en forma de Jorge Verstrynge o Mayor Zaragoza- daba mucho empaque al empeño, que desde luego en lo formal era de todo menos burdo. Lo de Garci es harina de otro costal. No debió dejar la interpretación en Viva la clase media (José María González-Sinde, 1980). ¡Es un intérprete nato! La naturalidad con la que cuenta anécdotas inventadas podría ser analizada en el Actor's Studio. En resumen, en la modesta opinión de quién esto firma Operación Palace es un producto de entretenimiento televisivo de primera magnitud.

Pero el revuelo ha sido de aúpa. El tema ha excitado a nuestros más sesudos columnistas. Los medios han editorializado. El debate está en la calle, con la ética periodística como espinoso trasfondo. Y todo por el formato de falso documental adoptado por el programa (que, insisten sus responsables, no era un Salvados sino un especial independiente).

No creo que el "falso documental" sea un género llamado a entregar obras maestras. Productos curiosos sí. Évole afirma que él y su equipo tuvieron la idea de realizar Operación Palace cuando vieron en La 2 de TVE Operación Luna, emitida sin grandes alharacas una noche del verano de 2011. Jugaba con que la llegada del hombre a la Luna fue un montaje rodado por Stanley Kubrick. No lo he visto. Sí tuve ocasión de ver, hace algunos años, uno mucho menos conocido, CSA: Confederate States of America (Kevin Willmott, 2004), que fantaseaba con la posibilidad de que los estados del Sur hubieran ganado la guerra civil estadounidense. Sin embargo, el referente en boca de todos a la hora de hablar del "evolazo" ha sido otra, la celebérrima recreación de La guerra de los mundos realizada por Orson Welles el 30 de octubre de 1938.
 
Sólo hay una pequeña diferencia. Quiten lo de pequeña. Es, en realidad, la clave que señala con precisión por qué, a pesar de haber manufacturado cincuenta excelentes minutos de televisión, Évole la pifió con Operación Palace. El antiguo "follonero" elevó la apuesta al plantear la emisión como un engaño a la audiencia. Es ese el único punto dónde patinó. ¡Pero vaya punto! Quién se siente a ver Operación Luna o CSA lo hace a sabiendas de que son mentira. El engaño está pactado entre el espectáculo y su público. Pasó exactamente mismo en 1938 con Welles. Su recreación formaba parte de una serie que dramatizaba novelas en la radio. Se sabía que era ficción. Fue la gente que sintonizó la cadena con la emisión empezada la que pensó que estaban oyendo una invasión alienígena real.
 
Ya nunca sabré qué se siente al ver Operación Palace una noche de domingo pensando que es un reportaje al uso. Pero doy fe de lo bien que se pasa viéndolo al día siguiente, descubierto todo el pastel.
 
Si Jordi Évole hubiese presentado Operación Palace sin ambages como lo que realmente era, hubiese desaparecido el ruido y sólo habría quedado el programa.
 
Su criatura hubiera perdido impacto. Pero él habría ganado honestidad.


sábado, 5 de octubre de 2013

Recuerdos

Hace unos años, leí una entrada en el blog de Santi González que me impresionó mucho. Comentaba algo tan inocuo como una entrevista con la hoy fallecida actriz Mariví Bilbao en el diario Deia. En una de las respuestas, Bilbao rememoraba que le impresionó ver en la tele cómo "matan a Kennedy en directo" (sic). Con ese rigor que le caracteriza, González procede a desmontar el recuerdo de la intérprete, señalando punto por punto por qué es harto improbable que tal cosa ocurriera, al menos tal y como ella lo relata.

No he podido evitar recordar el artículo leyendo la entrevista que JotDown ha mantenido con la periodista Carme Chaparro. Allá cada uno con lo que piense de la presentadora de Informativos Telecinco. Pero hay una idea que desliza en una de las respuestas que no ha dejado de sorprenderme. Le preguntan por Luis Fernández, y eso le da pie a contar su ingreso en la cadena:

Entré en Telecinco para trabajar en la delegación de Barcelona en enero de 1997, y fue porque Luis Fernández decidió que Telecinco necesitaba delegaciones propias, no le valía con las imágenes de agencia. Abrió en Madrid, Valencia, Andalucía, País Vasco y Cataluña. Yo estaba una noche en TV3 minutando entrevistas del 30 minuts, un formato americano muy bien hecho, bajé al comedor a cenar algo y me encontré a un productor de informativos al que conocía de vista. Éramos los únicos en el comedor, así que me senté con él. Me preguntó si había hecho directos y le dije que en la tele de Les Corts. Me comentó que Telecinco iba a abrir una delegación, me pidió el currículum y así me contrataron.
Enero de 1997. Bien. Me resulta imposible chequearlo; no tengo acceso a los ficheros del departamento de Recursos Humanos de Mediaset. Pero doy por buenas sus palabras. Es su vida, son sus recuerdos... debe saber de lo que habla. El entrevistador viene a preguntarle por las críticas que recibe Telecinco por sus realities y programas "rosa". Y esto dice Chaparro:

Yo empecé en Telecinco en el último tramo de las Mama Chicho, no sé si llegué a coincidir exactamente con ellas, pero su sombra fue muy alargada. Y eso sí que era muy complicado. Recuerdo que salía con el micro de Telecinco a la calle y todo el mundo me gritaba «¡Mama Chicho, Mama Chicho!». Esto sí que era duro. Lo de ahora es más una leyenda urbana.
Este es el momento en que los ojos se ponen como platos. Repetimos: es su vida, son sus recuerdos... debe saber de lo que habla. Pero dibuja un escenario tan chocante como el de un viaje de Kennedy a Dallas que fuera retransmitido en directo por TVE en 1963.  Podemos ayudar a Carme Chaparro cuando dice que "no sabe si llegó a coincidir exactamente" con las Mama Chicho. No lo hizo. Me atrevería a rematar la frase con un "ni remotamente". El florido conjunto de "vedettes" dejó de existir para la televisión en España en 1993. No se puede decir que la entonces "cadena amiga" las retirara de tapadillo. "Las Mama Chicho han muerto", dijo el consejero delegado y director general, Valerio Lazarov, en una entrevista de Isabel San Sebastián para ABC en octubre de ese año. De octubre de 1993 a enero de 1997 van tres años y cuatro meses. Un tiempo ya prudencial en general, pero equivalente a siglos en la vertiginosa televisión privada española, que en aquellos tiempos era una recién nacida que quemaba etapas a enorme velocidad.

En efecto, España asoció Telecinco con las Mama Chicho durante sus primeros años de vida. (La cadena empezó a emitir en marzo de 1990). Pero, tras el certificado de defunción expedido por Lazarov, el esfuerzo por sacudirse las curvas de las alegres muchachas fue enorme. No dio resultados inmediatos, claro. Pero, en la modesta opinión de quién esto escribe, sí habían cuajado ya a la altura de enero de 1997. "Definitivamente, Cervantes ha desplazado a las Mama Chicho", escribió Cristina Rubio en El Mundo el 27 de noviembre de 1995, dos años después de las palabras del directivo rumano y más de un año antes de que Carme Chaparro cruzara por primera vez la puerta de la delegación de Telecinco en Barcelona. (La frase cervantina iba al hilo del estreno de un espacio cultural que duró cinco ediciones, qué le vamos a hacer)

La Telecinco del curso 1996/97 no tenía ya nada que ver. Los mascarones de proa del cambio que la cadena llevó a cabo para acabar con su mala imagen ya estaban más que asentados. No era el canal de las "Mama Chicho". Era el lugar dónde triunfaba Médico de familia desde hacía casi año y medio. La serie fue estrenada en el otoño del 95. Por esas mismas fechas, la televisión española descubrió el potencial de una nueva franja horaria, el "late night", gracias al revolucionario -si, entonces lo fue- Esta noche cruzamos el Mississippi, de Pepe Navarro. Antes, en verano, se hizo un experimento de fundir humor con crónica rosa, llamado ¡Qué me dices! Cualquier persona interesada en el medio en España recuerda su importancia. ¿Tenían algo que ver las Mama Chicho o el jacuzzi de Jesús Gil con el primer Caiga quien caiga, de Wyoming? Pues cuando Chaparro recorría las calles barcelonesas "alcachofa" del canal en mano, el espacio llevaba más de seis meses en parrilla.

Aquí una parrilla de Telecinco en enero de 1997, a diario, y otra, de fin de semana.

¿Cómo es posible que Chaparro recordara sus inicios como algo ligado a lo que había pasado casi cuatro años antes? ¿Ha convertido en generalidad lo que quizás sólo fue un hecho aislado? ¿Confundió su año de entrada en Telecinco? Son curiosas las pasadas que nos juegan los recuerdos. Misterios sin resolver. Ah, bueno, no... que eso sí que era de los tiempos de las Mama Chicho.

sábado, 14 de septiembre de 2013

La Gracia

http://elpais.com/elpais/2013/09/13/gente/1379077154_452012.HTML




La gracia se tiene o no se tiene. Luz Sánchez-Mellado no la tiene. La periodista está al frente de una columna semanal en El País. Se llama Portera de día, en un guiño difícil de entender para cualquier persona menor de 35 años. Su objetivo es hacer un repaso mordaz a la actualidad de la semana. Es un propósito loable, pero muy alejado de los resultados. Sin embargo, los textos de Mellado son de una gran utilidad periodística. Sirven para demostrar que esta profesión sigue necesitando de chispa a la hora de generar piezas memorables. Una especie de alquimia que permita que lo verdaderamente talentoso se imponga a formulismos y modelos prefabricados.

Lean el enlace de arriba. No le falta detalle. En las umbralianas negritas se apretujan políticos (ay de ellos como sean del PP), comunicadores, artistas y freaks en nómina de Telecinco. Las referencias a temas actuales se cruzan a velocidad endiablada. De Julio Iglesias a Ana Botella, del COI a Sálvame, de Amador Mohedano a la juez Alaya, de los papeles de Bárcenas a las maternidades tardías. Los juegos de palabras se suceden sin cesar. La malicia se hace presente en cada línea. Todo está preparado para divertir al lector. Pero eso nunca sucede.

El análisis satírico de la actualidad es un género dificilísimo. No está al alcance de cualquiera, porque es imposible en él “cubrir el expediente”; no hacerlo como es debido equivale a un ridículo espantoso. Carmen Rigalt lo domina a la perfección en El Mundo. ABC tiene un diamante en bruto en Rosa Belmonte, una de las mejores plumas del periodismo actual, que paga muy caro el pato de no escribir sobre temas de los considerados “serios”. El País anda algo escaso en ese perfil. Durante un tiempo lo desempeñó con dignidad Maruja Torres. Tras una vergonzosa decadencia teñida de atroz sectarismo, su firma ha desaparecido del diario de Prisa. Elvira Lindo parece alejarse un poco de ese estilo que le hizo famosa, aunque lo resucita de vez en cuando. Modelos había dónde mirarse.

No es Sánchez-Mellado una periodista totalmente desechable. Los domingos realiza perfiles de políticos más presentables. No son para tirar cohetes, pero no están escritos con la intención de resultar desternillantes, con lo que cumplen su función de manera infinitamente más eficaz.

Y es que la gracia se tiene o no se tiene. Y Luz Sánchez-Mellado no la tiene.

domingo, 6 de enero de 2013

Extraños vínculos


Ahí tienen la portada del diario La Gaceta, correspondiente al 3 de enero de 2013. Como suele ser habitual en el periódico de Intereconomía, los mayores honores se los lleva un tema “propio”, con fuerte dosis de línea editorial. En este caso, se trata de la supuesta cruzada que el actual rector de la universidad Complutense, José Carrillo, mantendría contra la mera existencia de capillas en los complejos docentes. Como también suele ser habitual en La Gaceta, el despliegue en portada contrasta con una escasa información en páginas interiores.

Lo llamativo es el diseño de la susodicha portada. El dibujo principal une a Jesucristo con la hoz y el martillo. Debajo, algo de texto aporta “chicha” sobre el asunto. Diría que, por su longitud, son dos sumarios, aunque a lo mejor encajan mejor en la categoría de subtítulos. Se me va olvidando el argot del periodismo impreso, para qué engañarles. Pero no nos vayamos por las ramas. Lo importante está a los lados. A la izquierda de la pantalla, el protagonista de la noticia: José Carrillo. A la derecha, su padre, Santiago Carrillo, fallecido en septiembre de 2012. ¿Qué hace un difunto en mi portada? Intentaremos explicarlo, pero es harto complicado.

A todo el mundo se lo dicen en la facultad: aunque tengan 5.000 años, las pirámides de Egipto pueden ser noticia si algún descubrimiento nuevo las pone de actualidad. Aunque choque, lo más grave de la inclusión de Carrillo (Santiago) en una portada hoy día no es que lleve cuatro meses muerto. Es que su relación con la noticia es nula. El único interés que aporta su resurrección gráfica es subrayar su condición de padre del rector. Piensen mal y acertarán: José quiere cerrar las capillas porque lleva el comunismo en las venas. Ni un solo hecho objetivable confirma semejante tesis. De hecho, Santiago Carrillo no es mencionado ni en la portada ni en la noticia de las páginas interiores. Pero ahí está su efigie, traviesa, para que nadie olvide quién es el padre del hijo.

Es posible que José Carrillo sea un pésimo rector de la Complutense. Si así fuera, merece toda la crítica que los medios de comunicación quieran hacerle. La Gaceta, por su parte, está en su pleno derecho de luchar editorialmente por la supervivencia de las capillas universitarias. Me parece una reivindicación justa en una sociedad plural y democrática. Pero se debe hacer con juego limpio. La batalla es contra José Carrillo Menéndez, y en ella nada tiene que decir la memoria del finado Santiago Carrillo Solares.

En líneas generales, el hecho es censurable. Si vamos a lo particular, nos metemos en otro terreno. Es pantanoso, pero interesante. Tanto que, me parece, tendrá protagonismo en artículo aparte. Refiere al interés de cierta derecha –la agrupada en el grupo Intereconomía- y cierta izquierda –sobre todo la que alumbró Público- en mirar permanentemente al retrovisor de 1936. No sé a ustedes, pero cada vez que me asomo a esos tiempos sólo veo espeluzno. Prefiero fijarme en la segunda mitad de los setenta. De hecho, es lo único que anima  seguir mirando de frente la carretera.

sábado, 5 de enero de 2013

Desenfocar


Viernes, 4 de enero de 2013. La cabalgata de Reyes de Madrid, prevista para la tarde siguiente, se encuentra en el ojo del huracán informativo. El motivo es la huelga anunciada por los trabajadores del metro. Afecta a las líneas relacionadas con el recorrido. Además, algunos representantes sindicales afirman que no se respetarán los servicios mínimos. Es el tema del día. Lo reflejan los medios, pero también bares y oficinas. La idea-fuerza viene a ser la siguiente: tengan razón o no en sus reivindicaciones, trabajadores y sindicatos van a repercutirlas en los niños que se dirijan a presenciar la cabalgata. Sin metro, acercarse a las calles que son escenario del recorrido puede ser harto complicado. Se teme el caos. Las tertulias acogen algún que otro defensor de los convocantes. Pero sobrevuela una opinión bastante generalizada: llevar a cabo la huelga de transporte en la tarde del 5 de enero es un desatino.

El Abierto de Hoy por hoy, en la Cadena SER, pasa de puntillas sobre el tema. Sus tertulianos prefieren otros asuntos. A las diez, en esos primeros minutos en los que Gemma Nierga toma las riendas sin terminar de orillar a Pepa Bueno, surge la cabalgata. Albricias. ¿Qué postura editorial va a adoptar la SER? A juicio de quién esto escribe, la peor de todas: moldear la actualidad para que ésta se adecúe a un esquema más agradable para el medio. La noticia no está en la cabalgata de Madrid, a la que suelen acudir unas 700.000 personas. Está en la alternativa popular que tradicionalmente celebra el distrito de Hortaleza. De ella constan asistencias de en torno a las 3.000 almas. Un artículo de Isaac Rosa en eldiario.es sirve de “percha” informativa. Como veremos más adelante, más que una “percha”, la columna es un salvavidas. El autor, colaborador en otro espacio de la cadena, está en directo en los estudios. Así, Rosa, Nierga y Bueno consiguen invertir unos cuantos minutos hablando de Reyes Magos y de cabalgatas. Pero Hortaleza no es más que un punto de partida que permite llegar a destinos más interesantes para Gran Vía 32: ansías privatizadoras de la derecha, recortes sociales, críticas al Ayuntamiento de Madrid, etc.

Está comúnmente aceptado: se marca mucho más la línea editorial en el “qué” que en el “cómo”. La selección de los temas a tratar –que apareja sin remedio una selección paralela de temas “a no tratar”- es lo que establece la verdadera pauta. Pero hasta para eso hay límites. Éticos y estéticos. La lucha de vecinos de Hortaleza se centra en defender su cabalgata popular, que se celebra desde 1979. El Ayuntamiento la ve con malos ojos y quiere imponer una alternativa que sus contrarios tildan de “privatizada”. Pero el tema está lejos de ser actualidad. Colea, por lo menos, desde 2008. Las molestias que la huelga de metro pueda ocasionar de cara a la cabalgata “general” de Madrid están, en cambio, en boca de todos. Es el tema del día. Rabiosa actualidad, diría el tópico.

En la mañana del 4 de enero de 2013, la Cadena SER fue incapaz de poner el foco. Escogió lo anecdótico frente a lo fundamental porque informativamente le ofrecía un panorama menos espinoso para sus (muy legítimos) principios editoriales. Eso se puede llamar de muchas maneras. “Periodismo” no es una de ellas.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Hablar por hablar



Algún día hablaremos de The Newsroom. Será cuando haya visto toda la primera temporada y podamos hacer un comentario global. Sin embargo, no son pocos los aspectos de la profesión periodística que aborda y que merecen unos instantes de atención.

Vamos a referirnos a uno aparecido en el episodio sexto. (Hablo de memoria y, como diría Umbral, no me voy a levantar a comprobarlo). El “anchorman” que interpreta Jeff Daniels se muestra molesto por tener que leer en su informativo algunas de las opiniones que los espectadores dejan en la página de la cadena o envían a través de las redes sociales. Esto da pie a un hilarante diálogo en el que Daniels pide a su redacción que intente imaginarse a Walter Cronkrite manteniendo su credibilidad mientras pronuncia en voz alta algunos de los muy ridículos apodos con los que estos espectadores firman sus escritos.

Resulta sorprendente que tenga que ser un dramaturgo –Aaron Sorkin- el que haya puesto de relieve un aspecto comentado informalmente en algunas redacciones, pero todavía no objeto del necesario debate en profundidad. Nos referimos, claro, al exceso de protagonismo que las opiniones del público están adquiriendo en los medios de comunicación.  Entiendo que esta crítica resulte muy incómoda y se instale de pleno en eso que se entiende como “políticamente incorrecto”. Así que vamos a hacer un esfuerzo por explicarnos bien.


“Ese libro se lo podian regalar a todos los presos de Guantanamo. No existira peor tortura y condena que obligar a unos presos a leer ese bodrio insulso.”


En estos términos se expresa un lector de la web de El Mundo. sobre las recientes memorias de José María Aznar.
“Pero que señor + inpresentable ,este prepotente de Aznar ,asi de asquerosa es la politica ¿ellos selo gusan y ellos se lo comen ?y aqui estamos las marionetas bailando a su antojo ,,y a esto llaman DEMOCRACIA ,,PARA CUANDO LISTAS ABIERTAS ,no, eso no les interesa. X que entonces el pueblo eligeria a quien quisiera ,y no a quien nos inponen ,este señor ,tendria que ser juzgado x ,crimenes de guerra ,con la que liaron con la guerra de irak,hay es donde se ve donde nos lleban estos señores prepotentes ,¿pero lo que + me fastidia ,es como manejan al pueblo ,cuando 1,obrero vota ,p.p, x que la gente se deja llebar x el voto del miedo ,¿NO ,SI ESTAMOS INSEGUROS HAY QUE VOTAR EN BLANCO ,pero no dar el voto a 1, derechona hipocrita ,y prepotentes ,el señor ,RATO ,TIENE QUE PAGAR X LLEBAR A CAJA MADRID ,DONDE LA A LLEBADO, y con canbiar el nonbre BANKIA, lo soluciona todo ,,ALA CARCEL con este señor ,que no tubo conciencia conlos ahorros de los mayores ,al cual bajo el nonbre de PREFERENTES ,se queda con todo el dinero del pueblo ,SUERTE QUE LA JUSTICIA ,HESTA HECHA A SU ANTOJO ,,MIERDA Y MUCHA PARA ESTOS ,P.P.”.
(Este otro hace su deposición en la página de El País)
“Eres un serdo Aznar, no mereces ni el aire que respiras por haber sido un vil genocida. Dentro de poco se sabra que tú fuiste el maximo responsable de la muerte de 200 personas en los atentados del 11-M, C/abrón!”
(En esta ocasión, nos obsequia sus razonamientos un seguidor de Público). Si prefieren cambiar de tema, y darse una vuelta por la Cumbre Iberoamericana, un seguidor de Libertad Digital les regala los ojos con:
“¿Los sudacas estos dando lecciones de qué, de economía? ¡Cuando ellos tienen a sus propios países en la pura miseria. Cuba, Argentina, Venezuela, Colombia,............................! No me hagan de reir. España está mal, pero tengo la esperanza que este gobierno nos saque de la que nos ha metido el CABRON de Zapatero. No va a ser de la noche a la mañana, pero con el tiempo seguro que saldremos; aunque el lado rojo se empeñe en hacer ver que NO. Mas quisieran algunos paises sudacas estar como nosotros...”.



No sé a ustedes, pero a mí lo anterior me hace daño a los ojos. Digámoslo ya: a los medios –particularmente, a los digitales- se les ha ido la mano con la participación ciudadana. Parecen no existir filtros ni requisitos. Los comentarios bajo las noticias se han convertido en una molesta farfolla; una sucesión de desahogos en su mayor parte locoides, pésimamente redactados y ricos en faltas de ortografía. La información del periodista, generalmente bien preparada y presentada a los lectores, queda “ensuciada” por esa turbamulta que asoma sin permiso, cuyos gritos desaforados escenifican un patio de vecinos grosero y estridente, de esos que mueven a querer mudarse a un chalet.

En realidad, todo parte de un erróneo enfoque de la información en Internet. Entendido siempre como el medio de la inmediatez y la participación, las cabeceras impresas han malinterpretado su paso del papel a la pantalla, y han acabado siendo indiferenciables, en ese sentido, de cualquier portal de pacotilla morado por conspiradores de toda índole. El 99,9% de estos comentarios jamás serían publicados en las versiones impresas de los periódicos. Es más: los responsables de las secciones de opinión de los diarios suelen comentar cómo de difícil es llegar a ver una “carta al director” en sus páginas. Éstas llegan en cantidades ingentes. Sólo unas pocas se salvan de ser desechadas. Para ello, se tienen en cuenta criterios periodísticos, tales como el interés del tema de fondo o la calidad formal del texto. Es lo lógico.

Los medios no deben confundir sus versiones digitales con una región sin ley. El lector merece una selección de los comentarios que realmente sea digna de sus ojos. Da igual qué opiniones se expresen. Pero tienen que estar correctamente escritas, y prescindir por completo de insultos y calumnias. Son una parte demasiado importante en la información -¿quién no ha impreso mal una noticia de la web alguna vez, encontrándose como resultado dos párrafos de texto y cuatro folios de comentarios?- como para estar tan descuidada.

Pero, para ello, harán falta periodistas. Profesionales dispuestos a separar el grano de la paja, encontrar lo interesante y despreciar lo banal o redundante. Y no parece que ahora se esté mucho por la labor.

Así nos va.